En mi fragua - Antonio Mairena
En estos días pasados de Semana Santa, tuvimos la ocasión de visitar, esta bonita - por un lado taberna y por otro restaurante -, llamado La Fragua.
Se trata de todo un clásico dentro de los negocios hosteleros de la capital cordobesa, si bien, ha tenido diferentes etapas en sus más de treinta años de andadura, pasando desde peña flamenca, hasta, bar de copas, eso sí, siempre con ambiente flamenco.
Se encuentra situado en la entrada al barrio de la Judería por el Alcázar, sito en la Callejuela del Arco, entrando por los baños árabes(originales), para reservar podréis hacerlo en este teléfono 957 – 48 45 72
Hace un año aproximadamente, que se reinventó en restaurante – taberna, y decimos esto, porque al menos desde nuestro modesto punto de vista, tiene una mezcla entre ambos conceptos. Mantiene la barra, donde se puede tapear, algunas mesas en un precioso y agradable patio, que en días de sol como el que nosotros fuimos, es un poderoso aliciente. Y por otra parte tiene un par de salas, más orientadas a restaurante (o así lo entendimos nosotros).
Mención especial merece la decoración de todo el local, con los suelos de barro, puertas de madera ¿originales? antiguas seguro, y algunos aperos de labranza como un trillo y una pala de siembra.

Todos estos detalles son muy importantes a la hora de tener la certeza que has acertado al elegir un restaurante, pero el punto fundamental, es comer bien, este también se cumplió en La Fragua.
Comimos cinco, por lo que, decidimos pedir unos entrantes al centro y un plato principal. La cocina de La Fragua es según palabras textuales de Miguel, su jefe de cocina, una cocina de mercado basada en la calidad del producto y con elaboraciones tradicionales, recogidas de su madre y abuela, y perfeccionadas en escuelas nacionales y extranjeras.
Como entrantes pedimos, un revuelto de oricios, unas alcachofas fritas con puré de patatas, y un guiso de garbanzos con manitas, este último realmente bueno.
Como platos principales se eligieron un besugo a la espalda, fresco y abundante.
Churrasco a su estilo, presentado en forma de tournedó, y acompañado por una guarnición, no lo probamos, pero tenía buen aspecto. Rodaballo con manitas de cerdo, exquisito el contraste de la gelatina de las manitas con la tersura del rodaballo.
Finalmente, dos de los comensales decidieron pedir cochinillo a baja temperatura, tanto el producto como la elaboración fueron un acierto total.
Para los postres, nos obsequiaron con un surtido variado, muy vistoso y sabroso.
El vino elegido para la ocasión fue un Rioja Castillo de Mendoza, bueno pero mejorable, quizás con poco cuerpo y aroma.
Por último, queremos aprovechar la ocasión para dar unos pequeños apuntes, que desde nuestro punto de vista, mejorarían el global de este establecimiento. Pondríamos algo más de luz en el comedor, obviaríamos los manteles individuales y los cambiaríamos por tela, al igual que las servilletas (mejor tela que papel).
El precio por persona fue unos 30€ aproximadamente, buena relación debido a la gran calidad ofrecida.
A DESTACAR: Encanto del lugar y calidad de los productos
A MEJORAR: Panes individuales y sillas más cómodas.